domingo, 18 de agosto de 2013

Cómplices sonrisas, o quizás algo más que eso.

Tardes en las que no tuvimos cojones a querernos como solíamos hacerlo. Los mismos sentimientos y los dos cobardes de demostrarlos. Almohadas empapadas de lágrimas por las mismas estupideces de siempre. Por recordar el significado de querer. O por lo afortunada que te sentías por creer que te quería. La canción que te hace llorar cada vez que la escuchas y aquella foto. Nos creíamos fuertes por correr contra corriente del destino, hasta que nos chocamos con la realidad. La misma que me hace recordar, día tras día, el nombre del que me enamoré al dar dos besos y una sonrisa cómplice.

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